Dos gorditas en el mar.
Como a las 11 de la mañana en Santa Teresita, que es una de las playas más modesta de la costa en este momento, Estaba sentado a la orilla del mar. Estábamos todos amontonados en los 5 metros que había entre la escalinata y las olas. Había poca playa y entre todos hacíamos uso de nuestros evidentes años de tetris para acomodar reposeras y sombrillas. Como si fuera poco es admirable como los vendedores hacen dribling entre todo esto para pasar con sus carritos mientras gritan con vos ronca que venden el más rico choclo, churro, Pancho etc.
Yo estaba sentado con mis hijos agazapado bajo la sombrilla, el más grande come cereales de chocolate en un boul transparente, la más chiquita cada tanto le roba uno, lo llena de arena y después se lo come. Debe ser que por su falta de muelas que no siente el crujido típico de las galletitas llenas de arena.
Al relojear la vi, ahí estaba ella, parada de frente al mar con una mirada imponente y profunda. No era bonita de más, No era voluptuosa de más, pero para un tipo de más de treinta que durante su pubertad creció mirando Baywatch, ver a una rubia en traje enterizo, con el silbato colgando y el salvavidas en las manos que se cruzan en su espalda como signo de relajo y seguridad, es sin duda todo un llamado de atención.
Al compañero no lo vi muy bien, porque la verdad no me recuerda a nada. Además poco se dejaba ver, estaba en la casucha tirado hacia atrás en su reposerita, entre la gorrita de pescador, los lentes tornazolados azules y un teléfono de 6 pulgadas frente a la cara, pasaba bastante desapercibido en comparación a su rubia compañera que miraba fijo al mar.
Cuando llega mi viejo todo mojado y temblando de frío por el típico viento de la costa Argentina. Aprovecho y le encajo la nena y me voy con mi viejita a ser golpeado por las olas un rato.
El mar está medio picado, y cada 20 segundos más o menos una ola traicionera te sacude un cachetazo, cada tanto alguna más atrevida te agarra desprevenido y te revuelca, se te llenan los calzones de arena, alguna vieja que pierde el corpiño, las pibas se hacen las hot, un viejo que sin una gota de vergüenza merodea tratando de encontrar el momento en que se escape una teta. Nada como veranear en Santa Teresita.
Mientras estamos ahí, Entre ola y ola, entre agua en el oído y arena en los calzones, pasa una ola que bastante me revolvió, tanto así que para no perder el equilibrio, tuve que dar un par de manoteadas. En medio de el intento, tocó algo tierno y con pelo largo. Resulta que una gordita de unos 8 años medio revolcada venía en el agua, flotando y rebotando . Cuando salimos del agua nos miramos por un instante, le pedí perdón y después de preguntarle si estaba bien, me di cuenta que me miraba medio raro, casi entre bronca y miedo. Cuando se volvió un poquito más allá donde sus hermanas peleaban con el fuerte retorno que el agua tenía ese día, tiró una frase que no logré entender, pero algo de "ese viejo de ahí " se que dijo.
Mientras miraba la orilla tratando de ver si mis hijos molestaban mucho al abuelo, la veo de nuevo, ahí estaba la rubia tomándose un mate con el tipo de la gorrita de pescador. Al volverme veo que la gordita me lleva un par de pasos de ventaja para el lado del mar, no me pareció buena idea, a mi metro ochenta y 80 kilos, le costaban resistir el retorno del agua y las hola por momentos me llegaban a la panza y a veces a la cabeza. Entonces deducimos que la hermana mayor, de unos 12 años trataba de alcanzarla.
Por suerte lo logró... Pero ahora entra las dos trataban de volver, lamentablemente Sin éxito, por el contrario a cada segundo los centímetros a la costa se hacían más largos. Entonces sin entender muy bien si amerita o no, interrumpir el mate de la rubia o el WhatsApp del gorrito de pescador, me puse medio nervioso y empecé a caminar hacia las nenas.
Cuando vi que el anterior gesto de "viejo asqueroso" de las gorditas se había vuelto casi un suplicio anterior al pánico desaforado, empecé a caminar y nadar para llegar a las gorditas que se iban en el agua medio medio rápido.
A cada instante miraba la orilla para ver la rubia y el del gorrito pero en el apuro no los encontré entre la gente. Al que si vi, fue al viejo que esperaba la teta desnuda de alguna desprevenida, me choco mucho ver que este se había percatado también de la situación, pero lejos de preocuparse se reía sin ganas de disimular , y largó un gesto un poco perverso, al verme que intentaba llegar a ellas me hace señas con una mano, puso la palma de costado y la agitaba como cuando uno dice te voy a dar un chirlo, pero en realidad era un "se las lleva a la mierda". En ese momento me subió un calor por dentro, una mezcla de impotencia, nerviosismo, bronca y desesperación, pero todo se fue al carajo cuando la siguiente ola me pegó un cachetazo en la espalda que aparte de dejarme todo ardiendo, me recordó que era lo importante en ese segundo.
Ya a unos diez pasos de las gorditas que estaban todavía peleando con la corriente que las arrastraba, escucho el silbato de los guardavidas, miré rapidito la playa pero me pareció muy lejos, y las nenas se iban cada vez más rápido. Me Apure como pude entre ola y ola, pero me cuesta hacer pie, la verdad me agarra un poco de cagazo y empiezo a pensar que me va a llevar también a mí, ahora el viejo mira tetas parece haber tenido un poco más de sensatez, capaz no se metía por que sabe que se lo va a llevar también a él.
Dude por un segundo, pero ya están a unos 3 metros. Por instantes las olas que no rompen, te levantan del suelo, y la corriente aprovecha para llevarte un poquito más allá.
Sin pensarlo mucho di los últimos pasos medio empujado por el espíritu heroico y medio en compromiso. Los cuatro ojos me miraban ya directo, sabiendo que ahí estaba la solución a su miedo, estirando las manitos para que las ayudaras, no da para que te hagas el boludo y te vuelvas, ya estaba metido en el lío.
Cuanto por fin llegué, La más grande le dice "agarrate" y la chiquita tira un par de manoteadas, después de unos intentos llegue del todo y ahora la más grande mira totalmente aterrorizada, se da cuenta que las dos han logrado aferrarse, una a cada mano del héroe, pero resulta que el agua nos está llevando a todos. Eso me arrebató por completo la esperanza.
En esas cosas que tiene el mar, el agua baja y hago pie, fue entonces cuando la desesperación se convirtió en seguridad, "esta es la mía " pensé. Me afirmé lo mejor que pude con mis doncellas agarradas a cada mano y de espalda a la playa empecé a hacer fuerza tirando de ellas. Pero las sorpresas No habían terminado, como si no fuera mucho todo lo que había pasado en 1 minuto, me encontré con que por supuesto ellas no hacían pie en la corriente, así que lejos de colaborar sus cuerpitos regordetes hacían a las veces de boyas que parecían esforzarse por ser llevadas por el agua, a pesar de hacer pie, me arrastraban por la arena del fondo.
Sin embargo dando tironcitos cortos, me di cuenta de que podía retroceder unos pocos centímetros a la vez. La chiquita Solo tiene miedo, la más grande deja resbalar un "si asi", entre los labios que le tiemblan por el miedo o el frío.
Cuando ya podía retroceder con dificultad pero constante, una ola bastante grande nos ayudó empujando unos 2 metros, después de esto ya me ayudaban a caminar. Una de ellas dice "gracias gracias señor". Fue justo entonces Cuando la rubia de naranja llegó en ayuda.
"Damelas" es lo único que recuerdo escuchar. Así que obediente como pocas veces le entregué las manos de mis doncellas que ya caminaban confiadas. Sin volver la vista atrás, se marchan mis compañeras de aquellos intensos 3 minutos. Volví algunos metros a donde mi viejita miraba preocupada el cortometraje, con un simple "casi se los lleva a los tres a la mierda" resumió todo. Explique lo que había hecho dejando cerrado el tema, cruce las manos en la espalda y me quede ahí parado todavía con el corazón palpitando.
Por su parte mi rubia compañera de salvataje llegaba por entonces a tierra firme, la gente que había observado por el aviso del silbato, comenzó a aplaudirla gustosos de ver el final feliz, una mujer apresurada busca a la gorditas, por la contextura debe ser la madre, cruzan palabras y se despiden.
Después de haber pasado sin querer por pervertido, después por héroe y por ultimo me siento un pelotudo, la rubia se quedó con los aplausos, la madre de las gorditas se quedó conforme con que alguien salvara a sus hijas y a mi nadie me sacó en andas por arriesgar la vida...
Creo que como Consuelo habrá que pensar que esos cuatro ojos no se olvidarán, Que un flaco barbudo con panza una vez las salvó de ahogarse en el mar.
Por mi parte voy a escribir un cuento, para contárselo a alguien.
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